Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: Pina

Flores en Perugia

– Jesu, cómo se llama en España el señor que vende flores?

– El señor que vende flores?

– Sí, el señor que vende flores

– Hummmmm… florista?

– Oh noooooooooooooooooooooooooo!

– Qué pasa…

– Llevamos años llamando florero al florista, es horrible!

Pilla. Guadalupe, Guadalupilla. Una de las hermanas de mi amiga Rosy. Se instaló en la ciudad italiana de Perugia, cerca de Asís, allí donde las rosas crecen sin espinas, en la región de Umbría, sede de la afamada Universidad Internacional, hace muuuuchos años, desde su León, Guanajuato querido. Amante del teatro, actriz aficionada, nació con una sonrisa puesta; es la persona más optimista que existe sobre la faz de la tierra y que yo conozca. Una mañana soleada de martes se encontraba comprando flores en un puestecito -para el regalo de cumpleaños de un niño- regateándole el precio al dueño de la tiendecilla…

– Cuánto dice qué me va a costar! Con ese dinero podría comprar veinte ramos iguales en México! Veinte, señor!

(Pina, Giuseppina entra en escena. Paseaba a pocos metros del lugar)

– Perdone, señorita, ha dicho usted México? Es de allí tal vez? Yo he vivido durante un tiempo en su país, me encantaría que me pudiera hablar de nuevo de aquella tierra de leyendas…

El ragazzo cumpleañero jamás recibió su ramo. El vendedor del puestecito reflexionó sobre el precio de sus flores. Pina y Pilla, cada martes desde aquel martes, se reúnen siempre siempre. Olvidan el italiano y hablan sin pausa alguna en español, en un español raro, mexicano-italiano y medio inventado. Se les van olvidando las palabras y crean otras nuevas. Prometieron no llamar nunca más florero al florista. Me prometieron ser felices. Y lo más importante, me hicieron prometer serlo yo. Mi amigo está locamente enamorado de ti, regálale el vaso de Coca-Cola! (nooooooooo Pina, no quiero nada, jaja, deja a la chica, me da vergüenza). Me ayudan a ligar! Necesito millones de ramos de flores sin importarme el precio. Todas las flores del mundo, las de Perugia y las de Michoacán. Las de Michoacán son todavía más bonitas y cada una lleva encerrada una historia. Como la que otro día os contaré.

Eros y espinas | La Capilla de la rosa

Las rosas sin espinas nacen en la Rosaleda de la Basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís. Francisco se enfrentó una noche a sus miedos profundos, en pugna con las dudas sobre su propia vida. Entregando su cuerpo desnudo a las zarzas (ya son ganas) aquéllas se transformaron en rosas silvestres sin espinas, para no hacer daño, que continúan cultivándose en ese jardín. Rosa canina assisiensis. Éso cuenta la historia, yo no sé si es verdad. Asombrados ambos por los pasillos tenebrosos, transitando cada capilla, mi hermanita Meme me dijo…

– Mira, Jesu. Yo creo que los monjes se levantan muy temprano. Seguro que sobre las cinco de la mañana, antes de desayunar, mucho antes de rezar siquiera, se dedican con esmero a cortar todas las espinitas de las rosas.

– ¿Tú crees?

– Sí, estoy segura.

Pobrecita Meme! Con su alegre minifalda no le dejaban visitar ninguna iglesia, incumplía todas las normas y nunca accedió a nuestras recomendaciones de prudencia; muy al contrario, se enfrentaba valiente a cada guardián de las normas con largas y agotadoras argumentaciones morales acerca de sus derechos. Siempre gana cada batalla, es infalible.

Oh, cielos, qué asombroso calor el de aquel verano, desparramados sobre los bancos de la explanada, delirando por conseguir un refresco que no estuviera caliente ni a más de cien metros, rezando por que pasaran las horas en que era imposible moverse. Ohhhhhhhhhh, pero me gusta, me gusta, me gusta el calor y sudar y oler a feromonas. Acabo de leer en Wikipedia que viene del griego y significa llevo excitación. Jaja. Sí, me gusta. Y darme diez duchas seguidas y poner el aire acondicionado y que las últimas gotitas de sudor vayan desapareciendo como si alguien te las succionara. Oh!

Cada noche relatábamos todas nuestras aventuras a nuestra amiga Pilla, de paseo por Perugia, encantadora ciudad universitaria. Cerca también de Gubbio. Allí, en ese justo lugar, arriba de su montaña, me hice fan de Eros. Contemplando el horizonte medio tumbados con los brazos en cruz logré conectar una vieja máquina de música de ésas que funcionan echando monedas y parece que vayan a escacharrarse de un momento a otro. Adesso tu, era el tema. Yo no sabía que esa canción, la que cuenta cómo empezó todo, le haría llorar. Estaba, sigue estando lejos su León-Guanajuato.

Giusseppina estuvo conmigo meses atrás, es su ángel de la guarda. Sí, ya lo expliqué. Casi consiguió que la camarera supersexy del bar de tapas me regalara el vaso de Coca-Cola. Cómo se conocieron ellas dos es una historia tan bonita que merece ser contada. Mañana, mañana será otro día.

Criptonita

Coca-Cola revolucionaria

Pequeña historia de un vaso de Coca-Cola con estampas grabadas, una sonrisa encantadora y un Jesu tristón y melancólico que decide tomar decisiones sobre las personas que más quiere.