Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: miedo

Manto de agua

Una rendijita milimétrica en una ventana nos obligó a achicar agua durante media noche, pensé cómo lo pasarán quienes de verdad padecen la virulencia de la gota fría y sus inundaciones en esta tierra de contrastes, de explosiones exhuberantes y tranquilidad en el alma. O cómo lo pasaron mis padres durante las riadas que asolaron Valencia y su área metropolitana décadas atrás. En su casa familiar de Foyos, l’Horta Nort, la familia de mi madre logró escapar -tras desbordarse el barranc del Carraixet- gracias a la fortaleza de uno de mis tíos, que a puñetazo limpio derribó la pared medianera con la casa vecina con el objetivo de subir al piso de arriba -el sostre- y de paso salvar a la dueña del inmueble que, dormida y sorda, no había advertido que el agua le estaba llegando a la cama. Ella disponía de escalera interior, había que utilizarla. 3’20, tres metros veinte fue el nivel del agua en la fábrica de curtidos de mi padre, en el barrio de Tendetes, al ladito del viejo cauce, muy cerca de donde estoy yo ahora mismo vigilando gaviotas en el edificio inteligente. Instalaron allí la nueva empresa tíos y primos mayores desde que años antes mis abuelos paternos dijeran adiós a su Gandía natal, La Safor, un adiós que se prolongaría demasiado tiempo. Tres metros veinte. Hasta allí llegó su riada.

En la misma cama nos metíamos todos en La Cañada, era divertido escuchar aterrorizados las tormentas en aquella zona, truenos y relámpagos inauditos, pinos enfervorecidos que cobran vida como gremlins malignos y voltean de un lado a otro hasta atraparte, quedar metido en el coche y ni siquiera poder entrar a casa, a dos pasos de la verja del jardín. Que no le pase nada a nadie, que no le pase nada a nadie… repetía la mamá. Al cabo de unas horas y con velas en las manos, todos riendo transformábamos la frase… Que no le pase nadie a nada, que no le pasa nadie a nada (Jesu, ya has contado ésto por ahí, no seas pesado).

Fue poquito y me asusté. Yo me creía poderoso, incluso tengo palabras mágicas. Un personaje conocido explicaba el otro día en la tele que cuando vas cumpliendo años tienes más miedo. Yo pensaba que era al revés. Una rara calma te envuelve para los asuntos transcendentes. Para los otros, no. Yo anoche tenía miedo a que por una rendija se viniera abajo la finca, la calle entera. Miedo a que se rompa todo, que se rompa la vida, que se me rompa la espalda. Miedo a que me duela la cabeza y no pueda achicar el agua. Miedo a que mis amigos me dejen, miedo a que quien me quiere deje de quererme.

Anoche estuve leyendo cosas mías que me gustaban, cosas vibrantes. Sólo sé hacerlo cuando estoy feliz. Soy fuerte por dentro y muy débil por fuera, le explicaba un día a mi médica favorita, la que me pincha las vacunas de manera muy sexy. Me dijo… no hay que ser fuerte como el roble sino flexible como el junco. ¿Todavía más?

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A ver si así se me va el miedo…