Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: maremoto profundo

1989

Äfrica, jugando a vivir, me envió (nos envío) un correo hablando del año 1989. Es que me aburro (cómo puede aburrirse esta niña haciendo tantas cosas y todas bien). 1989. Yo me encontraba preparando uno de los viajes más largos e importantes que realizó Rosy a España; que el mundo andara revuelto en plena guerra del Golfo nos daba lo mismo. En 1989 comencé a trabajar en la administración pública, el 15 de febrero. Recorrí kilómetros escuchando a Enya y Eros en mi fabuloso troncomóvil repleto de pegatinas, una de ellas avisaba al de atrás… Voy como un bala. Todavía no me había pillado el huracán en el que a punto estuve de perder los dedos agarrado a una valla metálica, empapado por la lluvia y congelado de frío tras varias horas dando banzados de árbol en árbol, una vez que logré escapar de los lametones de fuego ocasionados por la llanta de la rueda delantera izquierda de mi bólido, reventada al ladito mismo del mar de El Puig, allí donde a menudo voy a abrir los brazos, respirar hondo y mirar las estrellas desde los espigones, en el mismo lugar donde quiero que algún día se den de tortas mis cenizas contra las rocas para luego hacer las paces y acariciarse mucho; se portó bien mi coche, ni se le ocurrió dar vueltas de campana. Al fin, preferí salir despedido por el viento y andar un trecho más a la aventura… Si he de morir, lo haré con los dedos puestos, decidí. Una serena actitud me otorgaba el poder de cien mil sables láser; había vivido poco tiempo atrás una de las aventuras más estupendas de mi vida, la pasión desenfrenada del movimiento valencianista, mis segundos amigos inmortales. Pasiones más profundas y maremotos indescifrables me esperaban a la vuelta de la esquina, yo no lo sabía, no sabía nada de nada. En 1989 tenía veinte años menos. Era muy feliz, siempre a mi manera. Hoy lucho por serlo, de otra forma; el truco todavía no lo encontré. Los pequeños problemas me parecían grandes y los grandes muy pequeños. Ahora los pequeños son insignificantes y los otros, insalvables. En 1989 cayó el muro de Berlín. Y también nació Äfrica, alguien que está a mi lado cuando la necesito.

votar 

Share/Bookmark

Tigres y leones

Mirada Solitaria

Yo, descifrador de sueños de maremotos profundos, sueño con leones cuando tengo miedo, lo descubrí hace poco. Leones -suele ser uno- que merodean por el pasillo de mi casa, cerca de la habitación. Jesu, qué haces de nuevo soñando con leones, éso te ocurría de niño (no sería por lo del león dormido, en el colegio, es un libro; no, no es por éso) ahora eres más valiente, un poco, se supone. Mientras leía decenas de libros sobre interpretación de los sueños para luego inventármelo todo y dejarle preciosos cuentos a mi estrella fugaz (me los vuelve a pedir) me enteré de que no es malo soñar con leones, significa que te sientes ante un reto y buscas tu fuerza visceral para salir airoso. Así me quedé contento. Te quedas contento de cualquier cosa, sube el nivel. La noche de reyes tuve una pesadilla, esta vez con un tigre. Lo sé, yo cuidaba de ti, te acaricié la frente secándote el sudor. Le va a dar algo, hice que te despertaras. Hiciste que me despertara? Además, no me contaron el cuento que pedí. Abrí los ojos sobresaltado a las tres de la mañana, como en las películas y respiré profundo… oh, ha sido un sueño, jaja, no es más que éso. Estaba preocupado por si tenía todos los regalos preparados y no me faltaba ninguno para mis peques. Que no falte ninguno, no, no, que no falte ninguno. No, no, faltaba ninguno, ya lo sabías, lo verificaste miles de veces. Hoy por la mañana vi otra vez al tigre, qué susto, bueno no me dio miedo, estaba protegido. Ya sé por qué cambié al león. Sí, el tigre lo tiene pg en su salvapantallas. Pero alguien me dijo en el sueño que no me iba a hacer daño y también me dijo otra cosa más que no voy a contar, no se puede. No se puede? No se puede. Y te vas a hacer amigo de los tigres? Son peligrosos los tigres y aún más los leones. Prefiero dormir en standby y controlarlo todo con mi radar mágico. No, no puedes controlar todo, tontaina, éso sólo lo hace el resto de la humanidad, tú no puedes controlar todo. Por qué yo no! Cómo podrías controlar el momento exacto en que te pones triste, más triste que nadie y el segundo infinitamente eterno en que te crees un súperhéroe. Lo soy! Ni siquiera te has atrevido a poner la imagen del león o del tigre o lo que sea. No me gustaban, he puesto otra, es más bonita. Se llama Mirada Solitaria! Y qué! No, no puedes controlar todo, ni los pájaros que se estrellan (el boca a pico, dijo) ni las palomas que caen en picado, ni tampoco las que remontan el vuelo, ni tus dichosas golondrinas que a nadie le importa que vuelvan, las que aprendieron vuestros nombres (sí, los aprendieron), ni… Entonces, para qué me animas. Soy yo el que está cambiando el guión. Te animo a poner los pies en la tierra. No, nunca, ella dijo ponlos sólo lo justo. Hazlo, me llamarás. Nos llamaremos. Voy a guardar la estrellita roja. No, la dejaré aquí, me traerá suerte. Como un crío. Qué va, peor.