Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: mamá

La Europa de los ciudadanos. La Europa de los pueblos. ¡Qué fue de eso!

El bosón de Higgs parece mostrar que la nada es imposible. Me alegra comprobar que la ciencia acerca sus posiciones al pensamiento filosófico milenario.

Al entrar en oración en el templo del silencio,

donde se desvanece toda inquietud…

No sé bien la razón última por la que la mamá mantenía tanta ilusión por colaborar con esta entidad benéfica: Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Motivos no pueden faltar, por supuesto; y las ilusiones, en ella, desbordaban su quehacer cotidiano. Sentirlas, compartirlas, transmitirlas. Quiero decir si existía alguna razón más poderosa, muy personal que yo desconociera, aunque puedo sospecharla.

Llegó la cartita como cada año, a su nombre. Querida benefactora… ¡Cómo suena eso de benefactor, benefactora! Unas breves líneas con bonitos deseos y una sencilla invitación para colaborar. Realizamos la transferencia, también a su nombre, sin decir nada más (las palabras sobran casi siempre).

Como si nada pasara. Y sí, pasan tantas cosas. Pasa, incluso la vida.

Pasa la vida

y no has notado que has vivido cuando pasa la vida…

Y el puto banco nos robó una comisión.
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Fernando Po

Es sábado. O debería serlo. Me he levantado a las ocho, descongelé la nevera (he de comprar otra nueva antes de que explote la que tengo), puse dos lavadoras, un lavaplatos, limpié la casa, me duché, hice la comida, tendí, vi el telediario, un poco de fútbol, retiré diez veces los recipientes de agua del aire acondicionado, fui un rato en bici, sudé, me volví a duchar, volví a sudar, escuché y vi unos vídeos en YouTube, consulté las salas de cine para esta noche y borré el spam de mi correo.

Quiero tener un yate y fugarme. A Fernando Po. Mi madre siempre quiso fugarse a Fernando Po. Yo tengo mucha curiosidad por visitar esa isla.

Francesco

Es una oración, podría ser un poema. Traduzco un trocito a mi manera.

Donde hay odio, que yo lleve el amor.

Donde hay ofensa, que yo traiga el perdón.

Donde hay discordia, que yo lleve la unión.

Donde hay desesperanza, que yo aporte la ilusión.

Donde reside la tristeza, que yo entregue alegría.

Que no espere tanto

Ser consolado, como consolar.

Ser comprendido, como comprender.

Ser amado, como amar.

Essere amato, quanto amare.

Francesco

Encontré este texto en una de mis visitas a Asís, cerca de un lugar donde las rosas nacen sin espinas. Lo guardé en mi cartera y lo traigo en mi mochila, junto a decenas de pequeños objetos queridos por mí, que voy intercambiando y procuro no perder.

Un tiempo después averigué que esa misma estampa la llevó la mamá siempre consigo.

Diario retroprogresivo

ángel 

21 de enero. Ya estoy aquí, mamá! Con esta frase llegaba todos los días al Hospital, apresuradamente, a ver mi madre a la salida del trabajo, durante una larga temporada, enfundándome una bata verde a la que ya tomé cariño y que ella se encargaba de abotonarme debidamente mientras pudo, sonriendo y asegurándome lo mucho que le gustaba con bata de médico.

Cuando pasas una situación límite el resto del mundo deja de existir, nada te preocupa. Las historias tan bellas que me ocurrieron puede que las comparta un día, creo que las guardaré para mí. 

El último día, cuando ya no pude decir ya estoy aquí, me fui corriendo a encender una vela a la plaza de la Virgen. No me había dado tiempo hasta entonces, ni de encenderla ni de llevarle flores ni de rezar. Yo rezo, rezo por costumbre, los Jesuitas me enseñaron a hablar con Dios. Ahora sé que no existe y sigo hablando con él. Hablo con alguien que no existe. Dice Pániker que quien ha tenido un sentimiento religioso durante una época de su vida, le acompañará toda su vida aunque ya no lo tenga.

Encendí la vela pero no me enfadé, -me voy a enfadar con alguien que no existe!- como cuando nos dejó mi abuelo, yo tenía ocho años en ese momento crucial. Y no podía irse, debía enseñarme a construir ángeles de piedra y madera y caritas de vírgenes. Me dijeron que si pedía algo con todas mis fuerzas se cumpliría, pero ésto no se cumplió, me enfadé muchísimo. Pero sólo contaba ocho años, aún no sabía que tenía poderes; lo descubriría un poco más tarde, cuando alguien me enseñó el significado de la palabra Ceyalá. Aprendería a creer en mis propios poderes y a no esperar nada más. O sí?

En mi espacio i m a g i n e cito este nuevo rincón como diario retroprogresivo, debo decir que le tomo prestado el concepto a mi admirado Salvador Pániker, que antes cité. En libros como Primer Testamento o Segunda Memoria, o en toda su obra, va nadando en círculos, hacia atrás, hacia adelante, haciendo filosofía de su propia existencia. Ya no me acuerdo bien para explicarlo, hace mucho tiempo de éso, hace mucho tiempo de todo.

21 de enero. Ese día supe que el amor más grande de mi vida me acompañaría siempre mientras yo quisiera y me mantenga en pie sobre la faz de la tierra.