Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: León

Carta con sello

Me pide Rosy que nos volvamos a escribir durante un tiempo, como antes, con cartas con sobre y sello, de las que se echan en un buzón (no dispondrá de ordenador temporalmente). Si tardaban un milenio en llegarnos, más de un mes cada una, de eso hace tanto. Tengo un buró lleno de esas cartas, todas guardadas, son un montón, no sé si alguien las releerá un día. Buahhhhhh, no había ni ordenadores, no existían, os imagináis! Una carta con sobre y sello, con la pereza que da, me dice que quiere volver a leer mi letra, a ella le encanta leer cartas. Y escribirlas. El caso es que ya me llegó la primera. Qué problemón. Con lo fácil que sería responderle con un correo electrónico o hacerle una llamadita telefónica, ahora ya sin eco. Cuando estábamos juntos yo echaba de menos chatear. Nooooo, es broma. Una noche no me fijé bien en la luna de Guanajuato porque estaba agotado de ver cosas. Os diría que es como un paraíso amable. El suyo está aquí y sueña con él. Paraísos que se cruzan sin detenerse. Tendré que volver a escribirle, me obliga. Creo que tiene mucha nostalgia, muchísima, más que muchísima, más que yo aún. De lo que fue, de lo que es, de lo que será. De lo que no ha sido, de lo que aún puede ser. ¿Se puede estar enamorado de mil personas? ¿Y hasta de las cosas? ¿De una piedra? Yo quiero estar siempre enamorado. De todo y más, enamorado hasta el fin.

Como siempre, como ayer, yo más hombre, tú más mujer. Como niños, sin saber qué hacer. Como siempre, igual que aquella vez…

Flores en Perugia

– Jesu, cómo se llama en España el señor que vende flores?

– El señor que vende flores?

– Sí, el señor que vende flores

– Hummmmm… florista?

– Oh noooooooooooooooooooooooooo!

– Qué pasa…

– Llevamos años llamando florero al florista, es horrible!

Pilla. Guadalupe, Guadalupilla. Una de las hermanas de mi amiga Rosy. Se instaló en la ciudad italiana de Perugia, cerca de Asís, allí donde las rosas crecen sin espinas, en la región de Umbría, sede de la afamada Universidad Internacional, hace muuuuchos años, desde su León, Guanajuato querido. Amante del teatro, actriz aficionada, nació con una sonrisa puesta; es la persona más optimista que existe sobre la faz de la tierra y que yo conozca. Una mañana soleada de martes se encontraba comprando flores en un puestecito -para el regalo de cumpleaños de un niño- regateándole el precio al dueño de la tiendecilla…

– Cuánto dice qué me va a costar! Con ese dinero podría comprar veinte ramos iguales en México! Veinte, señor!

(Pina, Giuseppina entra en escena. Paseaba a pocos metros del lugar)

– Perdone, señorita, ha dicho usted México? Es de allí tal vez? Yo he vivido durante un tiempo en su país, me encantaría que me pudiera hablar de nuevo de aquella tierra de leyendas…

El ragazzo cumpleañero jamás recibió su ramo. El vendedor del puestecito reflexionó sobre el precio de sus flores. Pina y Pilla, cada martes desde aquel martes, se reúnen siempre siempre. Olvidan el italiano y hablan sin pausa alguna en español, en un español raro, mexicano-italiano y medio inventado. Se les van olvidando las palabras y crean otras nuevas. Prometieron no llamar nunca más florero al florista. Me prometieron ser felices. Y lo más importante, me hicieron prometer serlo yo. Mi amigo está locamente enamorado de ti, regálale el vaso de Coca-Cola! (nooooooooo Pina, no quiero nada, jaja, deja a la chica, me da vergüenza). Me ayudan a ligar! Necesito millones de ramos de flores sin importarme el precio. Todas las flores del mundo, las de Perugia y las de Michoacán. Las de Michoacán son todavía más bonitas y cada una lleva encerrada una historia. Como la que otro día os contaré.

Es más fácil llegar al Sol…

. . . q u e   a   t u   c o r a z ó n ! 

Bolita, necesito que me cuentes una de tus leyendas, de las que sí se cumplen, de las que son de verdad.