Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: Guanajuato

Un ángel de cera

Me agota ser rey mago. Quiero dimitir.

Me regalaron un ángel de cera en Nochevieja. Un ángel de cera. Durante muchos años mantuve el ritual de meditar sobre mis deseos al abrigo de la llamita de una vela encendida, esa misma noche. La dejaba casi hasta que se extinguía, en mi habitación, a oscuras.

Una vela encendida con forma de ángel. Se parece mucho a los ángeles de Guanajuato, que siempre se me rompen en las maletas cuando intento traérmelos a casa. Son inaprehensibles. Dice Bola que Guanajuato está más bonito que nunca. Se parece también, no tanto, a los ángeles de mi abuelo. Y ya sabéis o deberíais saber que un ángel vuela por mí.

Algún rato, como anoche, comprando regalos y contando historias fantasmagóricas se me enciende el alma, me entusiasmo y vuelvo a creer en mí mismo.

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Luna en Guanajuato

Aquella noche no vi la luna en Guanajuato cuando me lo sugeriste encandilada, Rosemary. No nos dio tiempo, acabamos rendidos tirados en un banco de la plaza. No puedo ver la luna, Rosy, no tengo ganas ahora, sí, ya sé que está, te dije. Debíamos ir volando a León a cenar con Maru. Ahora veo la luna de Guanajuato a cada instante, cuando estoy dormido y también despierto.

Una cosa por otra, tú tampoco viste el Coliseo en Roma teniéndolo a nuestras espaldas. Sólo me insistías ilusionada en ver más cosas al día siguiente. ¿Qué veremos mañana? ¿Dónde iremos mañana?

Mañana, mañana será otro día, nos diría Bola durmiéndonos con una de sus leyendas.

Carta con sello

Me pide Rosy que nos volvamos a escribir durante un tiempo, como antes, con cartas con sobre y sello, de las que se echan en un buzón (no dispondrá de ordenador temporalmente). Si tardaban un milenio en llegarnos, más de un mes cada una, de eso hace tanto. Tengo un buró lleno de esas cartas, todas guardadas, son un montón, no sé si alguien las releerá un día. Buahhhhhh, no había ni ordenadores, no existían, os imagináis! Una carta con sobre y sello, con la pereza que da, me dice que quiere volver a leer mi letra, a ella le encanta leer cartas. Y escribirlas. El caso es que ya me llegó la primera. Qué problemón. Con lo fácil que sería responderle con un correo electrónico o hacerle una llamadita telefónica, ahora ya sin eco. Cuando estábamos juntos yo echaba de menos chatear. Nooooo, es broma. Una noche no me fijé bien en la luna de Guanajuato porque estaba agotado de ver cosas. Os diría que es como un paraíso amable. El suyo está aquí y sueña con él. Paraísos que se cruzan sin detenerse. Tendré que volver a escribirle, me obliga. Creo que tiene mucha nostalgia, muchísima, más que muchísima, más que yo aún. De lo que fue, de lo que es, de lo que será. De lo que no ha sido, de lo que aún puede ser. ¿Se puede estar enamorado de mil personas? ¿Y hasta de las cosas? ¿De una piedra? Yo quiero estar siempre enamorado. De todo y más, enamorado hasta el fin.

Como siempre, como ayer, yo más hombre, tú más mujer. Como niños, sin saber qué hacer. Como siempre, igual que aquella vez…

Flores en Perugia

– Jesu, cómo se llama en España el señor que vende flores?

– El señor que vende flores?

– Sí, el señor que vende flores

– Hummmmm… florista?

– Oh noooooooooooooooooooooooooo!

– Qué pasa…

– Llevamos años llamando florero al florista, es horrible!

Pilla. Guadalupe, Guadalupilla. Una de las hermanas de mi amiga Rosy. Se instaló en la ciudad italiana de Perugia, cerca de Asís, allí donde las rosas crecen sin espinas, en la región de Umbría, sede de la afamada Universidad Internacional, hace muuuuchos años, desde su León, Guanajuato querido. Amante del teatro, actriz aficionada, nació con una sonrisa puesta; es la persona más optimista que existe sobre la faz de la tierra y que yo conozca. Una mañana soleada de martes se encontraba comprando flores en un puestecito -para el regalo de cumpleaños de un niño- regateándole el precio al dueño de la tiendecilla…

– Cuánto dice qué me va a costar! Con ese dinero podría comprar veinte ramos iguales en México! Veinte, señor!

(Pina, Giuseppina entra en escena. Paseaba a pocos metros del lugar)

– Perdone, señorita, ha dicho usted México? Es de allí tal vez? Yo he vivido durante un tiempo en su país, me encantaría que me pudiera hablar de nuevo de aquella tierra de leyendas…

El ragazzo cumpleañero jamás recibió su ramo. El vendedor del puestecito reflexionó sobre el precio de sus flores. Pina y Pilla, cada martes desde aquel martes, se reúnen siempre siempre. Olvidan el italiano y hablan sin pausa alguna en español, en un español raro, mexicano-italiano y medio inventado. Se les van olvidando las palabras y crean otras nuevas. Prometieron no llamar nunca más florero al florista. Me prometieron ser felices. Y lo más importante, me hicieron prometer serlo yo. Mi amigo está locamente enamorado de ti, regálale el vaso de Coca-Cola! (nooooooooo Pina, no quiero nada, jaja, deja a la chica, me da vergüenza). Me ayudan a ligar! Necesito millones de ramos de flores sin importarme el precio. Todas las flores del mundo, las de Perugia y las de Michoacán. Las de Michoacán son todavía más bonitas y cada una lleva encerrada una historia. Como la que otro día os contaré.

Mex

En el otoño de 2001 un nuevo programa musical aparecía tímidamente en resúmenes diarios a las nueve de la noche, en La 2. Tan sólo un cuarto de hora, para sondear a la audiencia. Sólo era gente, gente joven que cantaba, y que lo hacía bien. Los expertos en share, prime time y estudiosos de parrillas no imaginaron el fenómeno social que estaban inaugurando. Yo me encontraba haciendo las maletas, una de ellas enorme, gigantesca, para mi viaje a México. E intentando dos cosas, poner orden a mi alrededor, cuidar de todo el mundo y de alguien en particular. Y, lo más difícil, poner orden en mi mente, olvidar sin olvidar del todo, sin dejar de sentir, pero no sentir tanto, pasar página de una experiencia profunda que me sobrecogía, decir adiós a unos años demasiado intensos, bueno, nunca nada es demasiado intenso, pero entonces sí lo pareció para mí. Todo fue bien, muy bien, más que bien, todo fue impactante, mágica palabra. El conjunto de nuestros encuentros, que han sido muchos en el transcurso de nuestras vidas, se han visto acompañados por la inquietud de acontecimientos sociales, políticos e históricos que hacían todo más complicado. La guerra Irán-Iraq y otros conflictos alertaron al planeta en la década de los ochenta y a punto estuvieron de frustrar el largo e importante viaje de Rosy, que incluiría a España en su fascinante ruta. En nuestra escapada de 2002 fuimos desinfectados Javier y yo al llegar al último destino del Estado de Guanajuato, León, en plena crisis de las vacas locas, procedente de Europa. Y unos años más tarde nuestros nuevos encuentros familiares coincidieron con los atentados en Madrid, el 11-M. Nada nos disuadió de perseguir nuestros obvjetivos. Mi mayor refugio lo he encontrado allí, a fuerza de cariño amasado con el tiempo. Y la energía para enfrentarme a las vicisitudes que la vida me depararía pronto. Aquellas canciones formaron parte de la banda sonora de nuestro viaje y en apenas unos meses alcanzarían más fama todavía en ese país admirable que aún sabe querer como se quiere de verdad. No, no estábamos escondidos, sino mirando al sol y acostados en la tierra. Un tema tontorrón y emotivo, el que ensayan los españolitos del vídeo y cuya versión original difundieron años antes los mexicanos Olga Tañón y Cristian Castro. Bésame, mientras sientes la piel, que hay detrás de mi piel. Hoy México -por si le faltara algo que soportar- y en cierta medida todos, sufrimos el dolor y la incertidumbre de una nueva alerta sanitaria, nacida de no sé sabe bien dónde ni cómo, porque ya ni capaces somos de cuidar la propia naturaleza que nos da sustento. Pronto pasará todo. Y éso sí, antes nos darán unas cuantas lecciones sobre cómo actuar. En coraje personal, compromiso social y tantos otros valores, de los que nosotros hemos olvidado hasta el nombre.

Es más fácil llegar al Sol…

. . . q u e   a   t u   c o r a z ó n ! 

Bolita, necesito que me cuentes una de tus leyendas, de las que sí se cumplen, de las que son de verdad.