Ceyalá

diario retroprogresivo

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El león dormido

En mi camino hacia la oficina coincidí ayer con alguien, absolutamente desconocido, que tuvo a bien explicarme por qué es feliz. Soy feliz -dijo- cuando por las mañanas me levanto y compruebo que estoy entero, de una pieza, que no me falta ni un trozo, ni un brazo ni una pierna. ¿Es asombroso, no crees? Soy feliz cuando abro el grifo del lavabo y constato el milagroso hecho de ver brotar el agua como de una fuente y dejo que llegue a mis manos limpia y clara. Cuando me ducho, sí, cuando me ducho; cuando paseo, cuando voy en coche, cuando trabajo. Cuando me marcho por la tarde al campo con la ilusión de recoger ramitas de romero. Cuando llego a casa y veo la tele, también lo soy. Pienso que me encuentro ante un objeto fantástico con luces de colores que me divierte e incluso, en el mejor de los casos, me informa de asuntos lejanos. Soy feliz por la noche porque tengo un suelo donde pisar y un techo que me cobija, cuando me meto en la cama y huelo a sábanas nuevas. Soy feliz, sobre todas las cosas, cuando comparto con alguien todo lo que tengo, que -como ves- no es nada.

Y me adentré de nuevo en mi jungla de cristal, dispuesto a pelear entre leones dormidos.

Tigres y leones

Mirada Solitaria

Yo, descifrador de sueños de maremotos profundos, sueño con leones cuando tengo miedo, lo descubrí hace poco. Leones -suele ser uno- que merodean por el pasillo de mi casa, cerca de la habitación. Jesu, qué haces de nuevo soñando con leones, éso te ocurría de niño (no sería por lo del león dormido, en el colegio, es un libro; no, no es por éso) ahora eres más valiente, un poco, se supone. Mientras leía decenas de libros sobre interpretación de los sueños para luego inventármelo todo y dejarle preciosos cuentos a mi estrella fugaz (me los vuelve a pedir) me enteré de que no es malo soñar con leones, significa que te sientes ante un reto y buscas tu fuerza visceral para salir airoso. Así me quedé contento. Te quedas contento de cualquier cosa, sube el nivel. La noche de reyes tuve una pesadilla, esta vez con un tigre. Lo sé, yo cuidaba de ti, te acaricié la frente secándote el sudor. Le va a dar algo, hice que te despertaras. Hiciste que me despertara? Además, no me contaron el cuento que pedí. Abrí los ojos sobresaltado a las tres de la mañana, como en las películas y respiré profundo… oh, ha sido un sueño, jaja, no es más que éso. Estaba preocupado por si tenía todos los regalos preparados y no me faltaba ninguno para mis peques. Que no falte ninguno, no, no, que no falte ninguno. No, no, faltaba ninguno, ya lo sabías, lo verificaste miles de veces. Hoy por la mañana vi otra vez al tigre, qué susto, bueno no me dio miedo, estaba protegido. Ya sé por qué cambié al león. Sí, el tigre lo tiene pg en su salvapantallas. Pero alguien me dijo en el sueño que no me iba a hacer daño y también me dijo otra cosa más que no voy a contar, no se puede. No se puede? No se puede. Y te vas a hacer amigo de los tigres? Son peligrosos los tigres y aún más los leones. Prefiero dormir en standby y controlarlo todo con mi radar mágico. No, no puedes controlar todo, tontaina, éso sólo lo hace el resto de la humanidad, tú no puedes controlar todo. Por qué yo no! Cómo podrías controlar el momento exacto en que te pones triste, más triste que nadie y el segundo infinitamente eterno en que te crees un súperhéroe. Lo soy! Ni siquiera te has atrevido a poner la imagen del león o del tigre o lo que sea. No me gustaban, he puesto otra, es más bonita. Se llama Mirada Solitaria! Y qué! No, no puedes controlar todo, ni los pájaros que se estrellan (el boca a pico, dijo) ni las palomas que caen en picado, ni tampoco las que remontan el vuelo, ni tus dichosas golondrinas que a nadie le importa que vuelvan, las que aprendieron vuestros nombres (sí, los aprendieron), ni… Entonces, para qué me animas. Soy yo el que está cambiando el guión. Te animo a poner los pies en la tierra. No, nunca, ella dijo ponlos sólo lo justo. Hazlo, me llamarás. Nos llamaremos. Voy a guardar la estrellita roja. No, la dejaré aquí, me traerá suerte. Como un crío. Qué va, peor.