Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: Blue Velvet

Biutiful

Esta es la historia de un hombre en caída libre. En viaje a la redención, la oscuridad ilumina su camino. Conectado al otro mundo, Uxbal es un héroe trágico y padre de dos niños que, al sentir el peligro de la muerte, batalla contra una dura realidad y un destino que va en su contra para poder perdonar, perdonarse, por amor y para siempre.

Me quedé impresionado. Como Jeffrey Beaumont sumergido en el interior de la oreja que encontró en el suelo, para volver -al fin- a su Blue Velvet (tantas veces anunciado por mí). Aquí no hay Blue Velvet, no hay salida. Al final del túnel, otro túnel. Y así hasta siempre. Él está ahí, y ella. Contigo, conmigo. En las últimas escenas aparece la silueta de la ciudad, de la gran ciudad, espejismo de un universo paralelo, inaccesible si no eres su esclavo. Durante una fracción de segundo cruza la pantalla un vehículo con banderas y pasquines políticos; en ese instante conoces el ridículo espantoso de la sociedad que hemos creado, la que proclama victorias ignorando el dolor, la tristeza y la muerte. Uxbal, personaje de Javier Bardem, es brutal. La interpretación del actor, colosal. Cómo un ser humano es capaz de estar muriendo y querer arreglar el mundo, él sí sabe hacerlo. Lo hago, lo hago. Hacen todo lo posible por sobrevivir. No les servirá de nada. De nada.

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Chance

Chance se abrió paso hacia la salida entre una multitud de parejas de bailarines. En sus ojos subsistía aún la imagen tenue y borrosa del gran salón de baile, de las bandejas de bebidas en el buffet, las flores de muchos colores, las botellas brillantes, filas y más filas de copas rutilantes. Alcanzó a ver a EE en el momento en que la tomaba en sus brazos un general muy alto, lleno de condecoraciones. Pasó entre los flashes de los fotógrafos como a través de una nube. La imagen de todo lo que había visto fuera del jardín se desvaneció.

Chance estaba desconcertado. Reflexionó y tuvo ante sí la imagen empañada de Chauncy Gardiner recortada en un charco de agua de lluvia estancada. Su propia imagen también había desaparecido.

Atravesó el vestíbulo. Por una de las ventanas abiertas entraba el aire helado. Chance empujó la pesada puerta de vidrio y salió del jardín: tensas ramas plenas de nuevos vástagos, gráciles tallos cargados de pequeños retoños se elevaban al cielo. El jardín estaba en calma, sumido aún en el reposo. El viento arrastró unas ligeras nubecillas y la luna brilló en todo su esplendor. De vez en cuando, se oía el susurro de las ramas que, sacudidas ligeramente, dejaban caer pequeñas gotas de agua. Un soplo de brisa descendió sobre el follaje y buscó abrigo entre sus húmedas hojas. Ni un solo pensamiento turbó la mente de Chance. La paz reinaba en su corazón.

Bienvenido Mr. Chance ~ Desde el jardín | Jerzy Kosinski

Como Chance, solo entre muchos, escapando entre la multitud, despistado ante sentimientos que no comprende y que no es capaz de aprehender.

Como Gilbert, Gilbert Grape, el Caballero de la Brillante Armadura, invisible, transparente (no asustes a Gilbert), llevando a cuestas una casa gigante, con un peso enorme, una casa que nadie ve y un peso que nade siente. Deseando todo y sin saber qué desea para sí mismo.

Como Jeffrey Beaumont en su Blue Velvet, queriendo huir de los tormentosos suburbios que le sorprendieron dentro de una oreja y volver volver volver otra vez al mundo real, que sí, puede ser perfecto.

Como Dionisio, haciendo malabares con sombreros de copa, viendo en todos los puertos lucecitas que no existen y que no le van a servir de mucho, después le empujarán, le dirán lo que ha de hacer y lo hará.

Como Paula, invitando a construir castillos en la arena y diciendo adiós detrás de un biombo.

Así me siento yo.