Ceyalá

diario retroprogresivo

Etiqueta: armadura

Con la armadura oxidada

Ayer. Por la tarde me fui a arreglar entuertos. Con mi armadura ya oxidada, pero que aún funciona. ¡Cómo me pongo cuando me pongo! Hay que ver, me asusto a mí mismo. No sé si consigo cosas, lo intento al menos. Lo que pasa es que volar en plan héroe me cansa mucho, acabo hecho una mierdecilla y hasta temo por mi salud. Pero nunca he de rendirme. Sí, yo sí digo nunca y siempre, profesor, otro día te lo explico. Gilbert tiene miedo y todos le exigen aún más. Gilbert es el caballero de la brillante armadura, ya sabéis, él brilla y deslumbra. Tengo ahora una lista de asuntos, a por ellos voy, intentaré no alterarme. Con mi armadura (la necesito o me desplomaría) y mis bonitos sueños. Dejadme con ellos, siempre hasta el último aliento.

La vida de verdad

En la mañana de ayer, día espléndido para mirar al cielo, dimos el penúltimo adiós a un familiar querido. Me gusta encontrarme con todos mis primos cuando nos reunimos, aunque haya momentos más divertidos, claro. Llegué a la oficina con prisas, sin tomar nada, como si acudiera al lugar más importante del mundo (éso cree a ratos mi cerebelo) y encontré a mis queridos compañeros discutiendo sobre nimiedades tan transcendentes como el reparto de días vacacionales y otros de similar embergadura. Con sentido del humor, por supuesto. Con sentido del humor algunos seres humanos apuñalan amadamente a otros. No, ésa no es mi vida, la que yo quiero. Vivir es otra cosa. Cada cinco minutos tengo la intención de dedicarme a vivir, pero no es fácil, hay que comprar el pan, preparar la comida, dormir, ir al médico, dar una vuelta en bici, hacer musculitos, ducharse, toser, tomar un vaso de leche caliente con cereales y yogures de soja e intentar que nadie te riña, estudiar, regalar besos, un montón de besos… son muchas cosas. Cogí la mochila y me fui, era más importante arropar a mi padre. Que no pasara un mal rato.

Compas, si llegáis hasta aquí no me odiéis, yo os quiero.

Hoy vine con armadura, ayer se me olvidó en casa.

Decisión

Hoy fue un día duro. Habrá un buen montoncito así. Me tranquiliza saber que la decisión está tomada. Sé cómo actuar. Sé cómo debo actuar. Es un poder sereno y relativo. Imponente, incontestable. Si todo va bien, me alegraré. Si todo no va tan bien, simplemente… au revoire!

Nunca más.

Guerrero

En ningún sitio dice que yo tenga que sufrir tanto. No lo dice, no va en ninguna parte del guión. Ayer Carmen me recordó que soy un guerrero, confía en mí, con armadura o sin ella ganaremos, me dijo. Es que yo no quiero ganar, solo deseo vivir tranquilo. El gripazo casi puede conmigo, durante varios días no pude respirar bien. Creía que me estaba muriendo, se lo cuento ahora a mi médica y se me ríe. Quería despedirme de vosotros, pandilla etérea, os veía como en una nube de ideas platónicas inalcanzables, deciros algo, por si acaso. Pensaba, cómo les digo algo! Cómo les digo lo que me pasa, sólo adiós, hasta luego. Me recordarán, decidí aliviado, creo que me quieren. Un teatrero, sí, éso soy. Ya bien, hoy volví a la piscina. El viento me da miedo, un poco. Leí aquí las palabras de alguien que se acurrucaba anoche junto a su gato confiando en que la ciclogénesis explosiva le dejara pasar la noche tranquila. Yo tuve que huir de mi habitación. Es que en mi casa las ventanas son gigantes, para ver bien el cielo; a mí me gustaría que fueran normales y que no diera la impresión de que un tornado se te va a llevar de un momento a otro como a la niña de Poltergeist. No me puedo acurrucar junto a mi gatita porque ya no está conmigo. Jesu, ponte las pilas, se acerca una pequeña batalla y todos creen que eres el bueno. Estoy asustado.