Ceyalá

diario retroprogresivo

Veinte años

Con el tiempo aprendo a sobrellevarlo todo. Lo bueno, lo malo, lo regular. Me acostumbro, y yo no quiero acostumbrarme. Tengo menos ímpetu, más experiencia. Menos osadía, más determinación. Me acompaña todo el rato un vago sentimiento de tranquilidad difusa.

Con el tiempo me siento vacío cuanto más lleno estoy. Transparente, invisible. Yo no quiero saber nada, sé que no sé nada. Dejo mi existencia para luego. Mi propio ser. Porque urge todo. Pero todo es aún más frágil que yo mismo.

Yo no quiero saber nada. Quiero que todo esté por saber.

Adoro los momentos en que mi espíritu se crece y recuerdo quién soy.

Los busco, confiadamente. Pronuncio palabras mágicas sin mover los labios, como el que reza sin saber a quién. Y cuando ya no espero nada, surge en mí la euforia de los veinte años.

Y es ahí donde me quedo.

Con el tiempo, todo se desvanece.

En quien creías sin saber por qué, por nada.

Con el tiempo, se nos olvidan las voces

que nos decían no vuelvas tarde,

no tomes frío.

Cosas malas

¿Haces cosas malas? Me preguntaban los curas en el confesionario con voz bajita y mirada intrigante. ¿Cosas malas? Yo pensaba y pensaba y no lograba alcanzar a saber qué cosas malas podría hacer, ni remotamente. ¿Haces cosas malas en la cama? Cosas malas en la cama, qué podría hacerse de malo en la cama, por qué me sugerían asuntos tan complicados y enigmáticos. Pues ni me asustaban ni me quitaban el sueño. No, contestaba escueto y tajante. Parecían buscar un culpable, el malo, mirad, ese sí lo hace. Igualito pasaba cuando cantábamos en el coro y acercaban sus oídos a nuestros labios intentando averiguar quién desafinaba, para echarlo de la fila. Yo canto como los ángeles, estoy salvado. Con el juego de las canicas se ponían francamente pesados. No os asustéis: el juego de las canicas era el juego de las canicas. Sólo que entre lanzamiento y lanzamiento te soltaban un trallazo… ¿Te llevas bien con tus padres? ¿Con tus hermanos? ¿Tienes buenos amigos? ¿Una amiga especial? Una tarde, apenas después de comer, el padre espiritual me llevó a dar un largo paseo; dimos vueltas y vueltas a un jardín interno, desde lo alto de una de las plantas; hablaba con solemnidad y falsa cercanía, temía que fuera a anunciarme una gran noticia no esperada. Yo, tan perspicaz, en babia absoluta, escuchando atónito, incómodamente rodeado por su brazo sobre mi cuerpo. Al fin supe. En clase de religión comencé a escribir unos rollos impresionantes, les gustaba, se hicieron fans míos. No podían pulsar Me gusta porque nadie inventó todavía las computadoras; el equivalente era el brazo atrapándote, o las canicas. Un día feliz -o algo así- titulé aquel escrito por el que me premiaron. Si anhelas un mundo tan feliz, tal vez desees, tal vez desees ser sacerdote. Oh, my god! Era fácil de entender. Un día feliz en un mundo feliz. Y nada más. ¡Y nada más! Entonces, ¿qué quieres hacer en la vida? Yo quiero ser un niño. Quiero ser un niño y quiero ser un hombre. Un hombre libre. Quiero serlo. Como Chance cuando ve reflejada su silueta en la laguna y se marcha a otro lugar.

Crecí entre miedos jugando a ser valiente, lo mismo que ahora: poco ha cambiado. Contestando preguntas sin conocer respuestas. ¡Debí hacer yo las preguntas! Nadie me dijo que no había camino. Una nueva generación de Jesuitas dejó al poco su impronta. Mi primer profesor de filosofia continuó cuestionándome hasta lo más profundo, pero de otra manera. Lo hacía como si fuera a resolver sus dudas, quién era yo para hacerlo. Confió en mí. Me sentí libre al fin. Me siento libre desde  ese preciso momento.

Poderoso e invencible, como cuando cazaba lagartijas en verano y montaba trenes de bicicletas con mis amigos, divertidísimos trenes de esos que descarrilan a los cinco minutos de haber partido.

Kaos

Confirmado: mi médica aprovecha cualquier ocasión para desnudarme, no importa si me duele la cabeza o el dedo gordo del pie derecho. Es duro ser hombre objeto. Es la pimera vez que tengo un virus estomacal. ¡Qué ilusión! Que me tome las cosas con más calma. Con más calma no puedo. Lo he explicado aquí un millón de veces. Son las cosas las que han de dejarme tranquilo a mí; no irradio nada que las atraiga, creo yo. Cómo se puede tomar con calma (con más todavía) que media casa se me inunde por lluvias torrenciales y ni siquiera puedan acudir los bomberos recortados por falta de recursos. Eso sí, tuve el honor de tener a uno on-line, animándome telefónicamente en cada momento… lo estáis haciendo muy bien, seguid así. Yo no sabía si era un parto, si Rita me dará un premio o si alguien incluirá un plus el mes que viene en mi escuálida nómina, como ciudadano ejemplar, como sufridor o algo. Eso de tener un bombero on-line mola mucho, pero yo hubiera preferido que estuvuiera allí, en medio de la catástrofe. Preferiría en lo posible que no hubiera catástrofes, no estar pendiente del móvil porque cada cinco minutos haya personas y asuntos que requieran mi atención, convencerme a mí mismo de que los héroes no existen ni tienen por qué existir más que en las películas (para admirarlos comiendo palomitas mientras abrazas a alguien) y sobre todo que jugar a serlo sin tener veinte años -o teniéndolos varias veces- es complicado.

Desearía que el mundo fuera un remanso de paz, aunque bien visto lo maravilloso de la vida es afrontar emociones fuertes y sobrevivir a ellas. Sobrevivir es lo que quiero. Sobrevivir pasionalmente. O dormirme forever.

– ¿Cómo estás?

– Aquí, contigo.

Lo Imposible

Actualizando a versión iOS IESU 8.0 Beta. Principal aplicación requerida: indemne al sufrimiento vital (no se dan más especificaciones). Actualización hardware, variable según existencias y compatibilidad. ¿Operación exitosa? Comprobación de funcionamiento no garantizada. Efectos secundarios: desconocidos.

Usuarios registrados: ninguno. ¿Seguro que desea continuar?

¿Acaso puede gozar el hombre de misión más profunda y poética que perseguir quimeras?

Sí, la gente está rara. Como defendiéndose de la amargura.

Y de noche cuando duermo, vela por mis sueños

Cielo gris, suelo rojo…

¿Otra vez con la letanía? Es mi forma de relajar la chimenea. Calma, Jesu. ¿Más? Tú sabes hacerlo, te necesitan. Tú sabes, tú puedes. ¡Valiente tontería! Desapareceré un día y nadie me echará en falta. ¡Pensamientos profundos! ¿Eso crees? No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido. No destroces la frase con tus neuras. Es el faro que me guía.

Se supone que tenía poderes, sabes.

Vamos Clark, nadie es perfecto. Oh, vale, de acuerdo, tú eres perfecto, tú vuelas y todo eso.