Por la mañana

por Jesús V. Ferrer

No, aquellas que aprendieron nuestros nombres, esas no volverán. Volvieron otras, volvieron esta mañana. No sé si eran cotorras, gorriones, golondrinas imaginarias o artefactos fabricados en un parque jurásico imposible. Ni migajas de pan siquiera, ni migajas de pan se les debe dar. El que comparte nunca está solo, me decían en el colegio, a escondidas les doy de comer en el jardín. No deben molestar, ni ensuciar los edificios, ni mucho menos anidar en ellos; terroríficos entramados eléctricos les disuaden de la idea. No deben hacer nada, ni posarse sobre una estatua, nada más que asombrarse del mundo en el que viven. Nada más que reunirse, alborotar y mientras les quede voz cantar, cantar e incluso gritar por la mañana.

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