Un ángel de cera

por Jesús V. Ferrer

Me agota ser rey mago. Quiero dimitir.

Me regalaron un ángel de cera en Nochevieja. Un ángel de cera. Durante muchos años mantuve el ritual de meditar sobre mis deseos al abrigo de la llamita de una vela encendida, esa misma noche. La dejaba casi hasta que se extinguía, en mi habitación, a oscuras.

Una vela encendida con forma de ángel. Se parece mucho a los ángeles de Guanajuato, que siempre se me rompen en las maletas cuando intento traérmelos a casa. Son inaprehensibles. Dice Bola que Guanajuato está más bonito que nunca. Se parece también, no tanto, a los ángeles de mi abuelo. Y ya sabéis o deberíais saber que un ángel vuela por mí.

Algún rato, como anoche, comprando regalos y contando historias fantasmagóricas se me enciende el alma, me entusiasmo y vuelvo a creer en mí mismo.

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