Mara

por Jesús V. Ferrer

Los líderes de las principales empresas informáticas, levantando orgullosos sus tabletas en ceremoniosas presentaciones me recuerdan a los primates de Kubrick en su Odisea, lanzando el hueso que sella la bienvenida al mundo racional y convirtiendo su hallazgo en el arma de lucha que inicia el progreso de la humanidad.

Cuando mueren, las arañas se desvanecen como si no hubieran existido nunca, dice @jpsolera. Como si no hubieran existido nunca o como si siempre existieran. Nunca y siempre se parecen. Desvanecerse es no morir del todo. Si algo ocurre, es como si ocurriera siempre (o nunca). El universo es una gran, diversa y dinámica foto fija: o estás o no estás o puede que estés. El tiempo es un bombo lleno de bolas: en cada momento tienes una en la mano, pero el resto están ahí, dando vueltas.

Suelo pensar que morirme será un liberación para mí: no más problemas. De pequeño ya lo pensaba. Lo de desvanecerme me gusta, en plan teatrero. Oye, pero que aún no.

El martes vinieron a tasar los pisos, no sé lo que sentí. Procuré no sentir nada.

La semana que viene nos vamos. Tengo una misión. Con billete de vuelta a la realidad.

Ayer vimos a Mara, ya calmada tras tomar su primera leche materna y después de darle un poquitito de biberón; yo creo que si no, se zampa a la enfermera con el desespero de un Gremlin. Le toqué los dedos y le estrujé un poco el moflete. La niñita de Mariajo y mi primo Álvaro nació el sábado, el primer día de octubre de 2011, a las diez de la mañana. No le han encontrado el pan bajo el brazo, pero a cambio confirmamos que es guapísima.

Me gustaría estar embarazado.

Anuncios