por Jesús V. Ferrer

Como siempre, como ayer, sí, como ayer, porque siempre digo lo mismo. Me decían en el Colegio que yo daba tantas vueltas a una idea que la dejaba grabada a fuego. No pretendía ni una cosa ni la otra. Amiguitos que venís por aquí, vais a tener que aguantarme, estoy depresivo, pero depresivo con razón, que conste, con un millón de razones, con miles de millones. Carl Sagan se disculpó de titular así uno de sus más afamados libros (veis, siempre cuento lo mismo) porque es una expresión imposible, y aún hoy la utilizan grandes sabios para mostrarnos sus proezas intelectuales. Dudaría mucho de las ideas inventadas por quienes afirman expresiones imposibles.

No sé por qué me está pasando todo lo que me está pasando, me resulta incomprensible. Tampoco sé por qué están sufriendo algunas de las personas a las que quiero más imposible. Me necesitan, esa es mi luz. O eso deseo creer. No he de derrumbarme, se lo pondré difícil al destino (teatrero). Siento como si un meteorito fuera a caerme encima convirtiéndome en polvo de estrellas (a ratos quiero ser polvo de estrellas).  Si eso ocurre, por favor, recordadme con cariño. Y si no, me dais mañana un buen hostión.

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