Composiciones

por Jesús V. Ferrer

Y, ciertamente, algo tan grande que nada mayor pueda ser pensado no puede estar únicamente en el entendimiento, ya que si sólo estuviera en el entendimiento, también podría pensársele como parte de la realidad, y en ese caso sería aún mayor. Esto es, que si algo tal que nada mayor pueda ser pensado estuviera únicamente en el entendimiento, entonces esa misma cosa tal que nada mayor pueda ser pensado sería algo tal que algo mayor sí pudiera pensarse, algo que no puede ser.

Ha de existir, por tanto, y más allá de toda duda, algo tal que nada mayor pueda ser pensado, tanto en el entendimiento como en la realidad.

El padre Gallach me espoleaba constantemente en clase. Un día me hizo explicar el dichoso argumento ontológico de San Anselmo sobre la existencia de dios, ahí en medio de todos. Decía que yo la entendía muy bien. Sus exámenes eran fabulosos, no tanto como los de Mercedes Torrevejano, ya en la Facultad, que nos concedía una semana de tiempo en casa para afrontar sus enormes temas de metafísica. Torrevejano se elevaba en el aula como Santa Teresa. Caía al suelo al sonar el ring. No, estos otros eran composiciones, como él las llamaba. Nos dejaba un título, una frase, un pensamiento y a partir de ese punto debíamos elaborar un texto libre, entre literario y filosófico o lo que te saliera de la punta de algún sitio.

Grandeza y miseria del hombre, La Torre de Babel, desempolvé anoche unos cuantos. Me encantaban las composiciones y me ponían. Me ponía unas notas extraordinarias también. Me descubrió un sendero que todavía hoy transito. Y os digo, no tiene fin. Sabía subirme el ego y bajármelo, creo que todos hacen lo mismo conmigo. Me elevaba a las nubes, salvo cuando se le cruzaban los cables, a él, a mí no, que yo he sido siempre muy formalito, demasiado. Si no le gustaba lo que leía me reñía muchísimo. Un día me devolvió el exámen tachado inmisericordemente con bolígrafo rojo, así como con rabia, con rabia divertida. Escribió al final con letra gigantesca: ¡Esto da náuseas! ¿Quería todo perfecto? A mí no me daba náuseas, a mí me gustaba y no modifiqué ni una coma. Me miró indagando mi respuesta y yo sonreí sólo un poquito. Toma náuseas, pensaba. Mañana más náuseas.

San Anselmo pensó en el concepto de dios como algo perfecto. Como algo perfecto debía reunir todas las propiedades posibles. Reunir todas las propiedades posibles significa también existir. Así, dios debe existir: lo exige la perfección de su propia esencia. Desconocemos si Anselmo de Canterbury tomaba sustancias alucinógenas.

Nuestro mundo podría ser perfecto, aunque sólo fuera para alegrar a Leibniz. O parecerlo, no es tan difícil. El mejor de los posibles, por ser el único. Pero es una mierdecilla. Semprún dijo no es inevitable que este mundo sea injusto. No lo es. No es inevitable, no es inevitable, no es inevitable. Dilo tres veces seguidas con los ojos cerrados.

Indígnate y actúa.

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