Me marcharé

por Jesús V. Ferrer

Tere y Rafa me dijeron unas cosas muy bonitas, agradecieron mi actitud. No es necesario, es lo normal, les comenté. No, lo normal no es siempre lo habitual, hay cosas que se agradecen mucho. Vale. Pues yo agradezco que me digáis eso, mucho.

Durante el curso reflexioné como en un psicoanálisis, tanto que esta noche tuve pesadillas. Mi forma de trabajar, de vivir, es otra. No puedo admitir que unos niñatos malgasten su tiempo y el de los demás alborotando una clase, mientras compañeros mayorcitos a los que les cuesta acertar con los dedos en el teclado se entusiasman aprendiendo.

Estoy enfadadadísimo con la reforma laboral, por lo que supone de claudicación de las ideas. Que las cosas no se pueden hacer de otra manera. Por supuesto que sí. Más cabreado estoy al constatar que nadie actúa. Sociedad sumisa, sometida, cobarde. Hemos linchado un rato al delegado ugetista esta mañana, estuvo bien.

En cada momento esencial de mi vida surge una legión de optimistas que me augura el fracaso. Sólo yo sé, y a mí solo me importa lo que hago, lo que consigo y lo que deseo. Siempre es posible actuar. Dejad tranquilos a los que ahora mismo persiguen revoluciones en cualquier lugar del mundo, en la habitación de su casa o entre tanques y tumbas, arrojando piedras con la rabia y la fuerza de quien nada puede perder, ni siquiera su sueño.

Yo necesito otro mundo

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