Carta con sello

por Jesús V. Ferrer

Me pide Rosy que nos volvamos a escribir durante un tiempo, como antes, con cartas con sobre y sello, de las que se echan en un buzón (no dispondrá de ordenador temporalmente). Si tardaban un milenio en llegarnos, más de un mes cada una, de eso hace tanto. Tengo un buró lleno de esas cartas, todas guardadas, son un montón, no sé si alguien las releerá un día. Buahhhhhh, no había ni ordenadores, no existían, os imagináis! Una carta con sobre y sello, con la pereza que da, me dice que quiere volver a leer mi letra, a ella le encanta leer cartas. Y escribirlas. El caso es que ya me llegó la primera. Qué problemón. Con lo fácil que sería responderle con un correo electrónico o hacerle una llamadita telefónica, ahora ya sin eco. Cuando estábamos juntos yo echaba de menos chatear. Nooooo, es broma. Una noche no me fijé bien en la luna de Guanajuato porque estaba agotado de ver cosas. Os diría que es como un paraíso amable. El suyo está aquí y sueña con él. Paraísos que se cruzan sin detenerse. Tendré que volver a escribirle, me obliga. Creo que tiene mucha nostalgia, muchísima, más que muchísima, más que yo aún. De lo que fue, de lo que es, de lo que será. De lo que no ha sido, de lo que aún puede ser. ¿Se puede estar enamorado de mil personas? ¿Y hasta de las cosas? ¿De una piedra? Yo quiero estar siempre enamorado. De todo y más, enamorado hasta el fin.

Como siempre, como ayer, yo más hombre, tú más mujer. Como niños, sin saber qué hacer. Como siempre, igual que aquella vez…

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