Iamnotalone

por Jesús V. Ferrer

A veces recuerdo quién soy.

Mi prima Teresa me contó en Nochevieja que conserva una frase mía estampada en la puerta del frigorífico.

– En la puerta del frigorífico. No tienes un lugar mejor?

– Jajaja, nooo, es para acordarme. Así la veo a cada rato!

Ni siquiera era una frase mía, sino una cita que yo utilizaba a menudo cuando tenía veinte años y estaba en el Grup. ¿Sabéis qué es el Grup? Os lo contaré. Cuando tenga ganas. Esther anotaba mis tonterías en las servilletas de papel de los barecitos mientras tomábamos café. Y todavía hay quien me pide cuentos. Y quien cree que puedo escalar cumbres borrascosas. En la colección de puzzles gigantes, los más enormes del mundo, que montábamos las noches de agosto en La Canyada -repartidos por el globo están- y que alguna vez un alma caritativa podría reunir, aún deben ser legibles al dorso las firmas de quienes participamos en cada uno de ellos… junto a unas palabritas de Jesu.

Decidme.

¿Qué hacéis vosotros cuando un amigo deja der serlo? ¿Se puede dejar de ser? ¿Vale eso?

La anécdota de Teresa me puso contento por un rato. Me gusta lo que hago, me gusta mi vida. Aunque os cuente penas, porque soy un teatrero.

Aunque llore mucho y siempre diga lo mismo.

Never say googbye

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