Una historia que yo vi

por Jesús V. Ferrer

Sobre las diez y media de la mañana solemos irnos a almorzar, a menudo acudimos al centro comercial próximo. Un rato de agradable locura, los puñales se guardan en el bolsillo y sin saber cómo el mundo es perfecto y todos maravillosos. Suenan melodías navideñas ya tan pronto, poquitas, algunas luces, no muchas y demasiada gente con prisa. Me encontré ayer de camino con un niño de unos ocho años, sentado en un banco junto a su madre, enfrente justo del escaparate de una conocida tienda de juegos electrónicos. Serio, muy serio, se cruzaron nuestras miradas, la cabecita rapada, con gorra para estar más guapo, delgado y blanco como la leche. Cerca del complejo se encuentra el instituto oncológico, está haciendo una pausa en su tratamiento, pensé. Es una historia que no vi, no la conozco, puede que no exista. La vi en los ojos de ese niño. Para él no hay crisis, ni peleas infantiles, ni de mayores, ni tramposos que metan zancadillas a quien quiere divertirse, ni sinvergüenzas que nos roben la vida y otras cosas. Para él sólo hay estar bien mañana y poder comprar un videojuego. Soñar con ella e imaginar cómo será un beso.

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