Dedos congelados

por Jesús V. Ferrer

Dedos congelados está de nuevo junto a mí, por unos días. Con su mechón rubio cayéndole sobre la frente mientras revisa expedientes como si estudiara y los pinta de colorines. Que si iba a clase, al Instituto le han dicho hoy, jeje, vaya. Nos reímos de tontadas. Hablando de cotorras verdes y plantaciones caseras de maría (del vecino), contemplando la megafinal de petanca de los abueletes en el jardín próximo, comparando todos los tipos habidos y por haber de coca-colas y fantas light, zero, sin azúcar, bajos en calorías y tomando capuccinos y algún cigarrito (yo no, creo) sorteando al viento enfurecido allí mismo, bajo los cristales donde se estrellan las gaviotas.

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