El faro que me guía

por Jesús V. Ferrer

Maru

Recibí ayer una felicitación de Maru, amiga lejana en el espacio y en el tiempo, que me hizo meditar. Maru es la persona más tierna, cariñosa, entrañable y valiente que conozco. De todos los momentos que hemos disfrutado juntos me queda uno grabado a fuego, tomando una copa en lo alto de la torre del faro de Puerto Vallarta, una terracita a la que se accede por un ascensor estrictamente controlado, apenas hay lugar para pequeños grupos o parejas, sólo unos pocos pueden llegar cerca de las estrellas.

Allí dio rienda suelta a su corazón, tras conocer la noticia de la grave enfermedad de su padre y la responsabilidad que pronto recaería en ella para afrontar la empresa familiar, misión que con tanto afán desarrolla hoy, sorteando sus propios problemas de salud. No podía dejar de hablar, pero despacito. Sonreía y lloraba al mismo tiempo. Sólo ella sabe hacerlo así, con unos lagrimones de película y un rostro impecablemente bello y tranquilo.

Me dijo anoche Maru… que Dios te conserve tan positivo como siempre. Yo no quisiera decirle que tal vez ya no sea tan positivo como siempre. Que tengo el miedo de que los batacazos de la vida (oh, pobrecito!) me vuelvan duro e insensible. Que no sé muy bien seguir. Que estoy atascado. Sé que luego todo pasa y me vuelvo a ilusionar. Que siempre nace de nuevo en mí esa chispa que ahora mismo siento, pero que desaparece pronto. Cada vez más pronto. Y si un día no funciona? Y si no vuelve a surgir la chispa? Qué pasará.

Mi hermanita Meme me regaló un pequeño faro de madera, no lo dejé como uno más en mi mega colección de llaveros, lo llevo en el coche, con las llaves. Creo que un faro me guía. No sé adónde.

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